Límites personales

por | Dic 21, 2019 | Amor propio y autocuidado

1. ¿Qué son los límites personales?

Seguro que te suena eso de “Tus derechos acaban donde empiezan los míos”. Esto es un límite, una línea invisible que se traza para marcar una frontera, un “Hasta aquí”.

Todas tenemos límites, tanto con los demás como con nosotras mismas. Algunos son conscientes y fáciles de verbalizar, otros no.

En terapia trabajamos los límites personales, desde esta doble vía.

⇒ Límites intrapersonales:

Los que te pones a ti misma.

Sabes perfectamente cuándo parar de comer, beber o dormir.

Tu cuerpo te pide “solo un poquito más”, pero tu mente te recuerda que, por muy placentero que sea, no quieres indigestarte, emborracharte hasta perder el control o desaprovechar el día en los brazos de Morfeo.

En estos ejemplos tan físicos parece que la frontera está muy clara, ¿verdad? Aún así muchas veces nos cuesta. Pues imáginate cuando se trata de ponerle límites a temas más abstractos como la exigencia, la crítica interior o la impulsividad.

Para trabajar los límites personales funciona muy bien la combinación ganadora:

autoconocimiento ⇔ amor propio ⇔ autocuidado.

⇒ Límites interpersonales:

Marcan hasta dónde dejamos entrar al resto de personas y qué espacio está solo reservado para nosotras.

Imagina que tienes que subir a un ascensor abarrotado de desconocidos. Así de primeras ¿te apetece?

Probablemente no.

Porque sabes que, mientras estés ahí apretujada, no se respetarán tus límites de distancia personal, y te puedes sentir invadida e incómoda.

Por suerte te librarás de esa sensación en cuanto te bajes del ascensor y recuperes tu espacio vital.

Puerta con cartel de no pasar

Pero a veces la cosa se complica y tardas más en recuperarte cuando sientes tus límites personales traspasados.

Como cuando te encuentras con esa persona que, cada vez que te engancha, te deja la cabeza como un bombo con sus historias sin preguntarse si tú estás disponible para ese intercambio.

Cuando consigues quitártela de encima, te das cuenta de que ha influído en tu ánimo y hasta en tu energía.

Si no puedes pararle los pies, es que te está costando ponerle un límite.

Lo mismo sucede cuando tu empresa te pide que hagas más horas y eres incapaz de negarte, aunque no te parezca justo. O con ese familiar que te critica constantemente porque no llevas la vida que desea para ti.

Por otro lado nuestros límites personales pueden ser rígidos e inflexibles, sobretodo si los ponemos sin profundizar y pensando que levantar una barrera nos va a proteger.

Puede que sea cierto, pero a veces esa misma barrera no solo no nos defiende, si no que nos aleja de otras cosas que nos son igual de importantes que esa protección.

2. ¿Porqué nos cuesta poner límites?

Porque somos seres complejos y hay muchos mecanismos psicológicos subyacentes que nos afectan e influyen a la hora de ponerlos, ya sea por exceso o por defecto.

En consulta trabajamos a menudo sobre los límites personales. Algunos de los motivos más habituales que veo a la hora de ajustarlos son:

» Trabas para establecer límites.

Relacionadas con mantener el statu quo y con el miedo al cambio.

  • Evitar conflictos.
  • Temor a la pérdida de privilegios.
  • Miedo al abandono.
  • Pereza relacional o “Mejor malo conocido que bueno por conocer”
Señal de NO PASAR con dibujo de Gandalf
» Trabas para flexibilizar límites.

Relacionadas con el miedo a establecer determinados vínculos.

  • Mecanismo de protección: se interpreta que, a mayor cercanía, mayor vulnerabilidad.
  • Dificultad para expresar las emociones.
  • Represión del afecto.

Algo que nace como una restricción puede tornar en libertad.

Y lo que en un inicio parece una barrera, puede transformarse en un puente hacia una relación de confianza y respeto. 

Ajustar tus límites es un proceso evolutivo que implica esfuerzo. Pero es fundamental, no hay manera de evitarlo.

Siendo así, puedes convertirlo en un ejercicio de comprensión y gentileza hacia ti misma y hacia tus relaciones.

Porque, sé honesta, ¿cómo te sientes cuándo invaden tus límites?

Es un malestar que no suele disiparse por sí solo y que, si no estás atenta, se puede canalizar con pequeños estallidos de presión en forma de reproches, “pullitas” y hostilidad mal disimulada.

Nadie gana, consumes energía y se contaminan las relaciones.

¿Sabes que tu tipo de apego influye al poner límites? Clic aquí para leerlo.

3. Pasos para poner límites personales.

1. Toma consciencia:

Este primer paso necesita de tu observación y atención, de poner el foco sobre ti.

¿Qué sientes ante el concepto “límite”? ¿Qué pensamientos o memorias se te disparan? ¿Cómo lo percibes en tu cuerpo? ¿Se relaja o se tensa?

Reflexionar sobre esto es importante, ya que es probable que la idea de lo que para ti es un límite se esté mezclando con creencias escurridizas.

Tal vez la propia palabra te genere rechazo, porque, en lugar de verla como un mecanismo de higiene mental, emocional y relacional, la asocias con restricciones.

O quizás lo veas como una alta traición hacia tus seres queridos.

 “Yo por los míos lo doy todo”.

En este caso es muy probable que no estés viendo que esos límites los pones igualmente, pero de manera inconsciente.

“Si yo te lo doy todo, tú deberías hacer lo mismo, así que me enfurruño hasta que estés a la altura”.

Niño colándose por verja rota

2. Toma la responsabilidad:

Este esfuerzo va a introducir cambios en tu vida, así que tus defensas se van a activar y puede que te generen conflicto interior.

Tu autocuidado es tu responsabilidad y parte de ello es reconocer tus necesidades para que puedan satisfacerse y para comunicárselas a tus allegados.

Las conversaciones profundas suelen incomodarnos y hacernos vulnerables, por eso muchas veces las evitamos justificándonos con argumentos como “Si me conoces deberías saber como soy, no tendría que decirte yo lo que puedes y no puedes hacer conmigo”.

Pero no es así. No somos adivinos, si no comunicamos nuestros límites… ¡cómo esperar que el otro los respete!

Por evitar estas conversaciones vamos tirando de la cuerda…hasta que se rompe. Entonces sí, con furia, exponemos nuestros límites a voz en grito, desde un lugar donde el daño ya es irreparable.

Habla de tus necesidades, expón como te hacen reaccionar y pide al otro que se coloque en el lado de la raya que tú marcas, no por despotismo, si no por comprensión hacia tu persona y compromiso con la relación.

Dos personas reflejadas en un cartel que dice enter

3. Toma acción:

Te propongo una tarea de campo. Fíjate bien durante una semana (ojalá que después quieras que sea de por vida) en cada vez que dices sí/no/no lo sé. Tanto cuando te lo dices a ti misma como a otra persona.

Luego pregúntate ¿realmente quería dar ese “sí” o era un “no”? Y viceversa. ¿Tuve la oportunidad de dar un “no lo sé” o me precipité? 

Ese “no sé” que acabo de decir ¿realmente es cierto o estoy evitando ese “sí” o ese “no” que me cuesta?

Y si tras ese análisis te atreves a dar la respuesta más honesta para ti, estarás dando un paso muy grande en tu compromiso contigo misma y con las personas que te importan.

¿Cómo plantear esas conversaciones? ¿Qué hacer si alguien no respeta tus límites? ¿Cómo saber si estás siendo demasiado rígida?

Este tema da para mucho.

Si te quedan dudas sobre límites personales, puedes dejármelas en comentarios. ♥

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