¿Qué es la responsabilidad afectiva?

por | Jun 29, 2021 | Relaciones

1. ¿Qué es la responsabilidad afectiva?

La responsabilidad afectiva es reconocer y aceptar el impacto que generas en otra persona al relacionarte.

Una parte de ese impacto depende de las expectativas y experiencias previas de la otra persona.

La parte que depende de ti es tu responsabilidad afectiva. Se refiere a:

  • Cómo te muestras.
  • La claridad con la que te comunicas.
  • La honestidad de tus actos.
  • La coherencia entre lo que dices y lo que haces.

Asumir tu responsabilidad afectiva sirve para:

  • Construir vínculos justos y equilibrados.
  • Encargarte de tu participación emocional en la relación
  • Minimizar el daño que puedas causar en la otra persona y en ti misma.

En definitiva, la responsabilidad afectiva busca el beneficio común en lugar de solo el propio.

2. ¿Qué NO es responsabilidad afectiva?

No te confundas con la responsabilidad afectiva.

Que tú seas cuidadosa con los sentimientos de la otra persona, no significa que tengas que gestionárselos tú.

Ni que puedas proyectar los tuyos para que te los gestionen en nombre de la responsabilidad afectiva.

Lee en este artículo cómo aprender a gestionar tus emociones.

Dos mujeres enfadadas

Ejemplos de lo que no es responsabilidad afectiva:

  • Sobreproteger al otro y abandonarte a ti para cuidar de sus necesidades.
  • Confundir honestidad con sincericidio o streaptease emocional.
  • Leer la mente de la otra persona para suponer lo que necesita.
  • Engancharte a la culpa.

Nada que ver, tod@s dañamos sin quererlo, se trata de no dañar deliberadamente.

Resumiendo, tú no eres responsable de las emociones ajenas.

Eres, en parte, responsable de participar en las dinámicas que las desencadenan o las mantienen.

Lo mismo con las tuyas.

La gracia de la responsabilidad afectiva es que cada cual gestione lo suyo sin cargárselo al otro.

No como algo frío y desapegado (eso depende de la naturaleza de la relación), si no reconociendo que la propia autogestión es más fácil y constructiva cuando nos sentimos honestamente acompañadas, apoyadas y, en el mejor de los casos, amadas.

3. La base de la responsabilidad afectiva.

La primera parte de la ecuación de la responsabilidad afectiva tiene que ver contigo misma.

Conocerte, identificar tus mínimos en una relación y ser coherente con ellos.

Hacerte cargo de tus mecanismos emocionales y afectivos.

Atender tus necesidades, promover tu autocuidado

La ausencia de responsabilidad afectiva hacia ti misma suele bloquear la responsabilidad afectiva hacia otra la otra persona.

Mujer leyendo en la ventana
  • Si yo no sé cómo funciono, ¿cómo exponerlo con claridad?
  • Si yo no sé cómo manipulo, ¿cómo gestionarlo?
  • Si yo no me pongo límites, ¿cómo saber hasta dónde dejo llegar el otro?

Además, cuando tú no te haces cargo de tu propia responsabilidad afectiva, te cuesta identificar si la otra persona está siendo emocionalmente responsable contigo.

“¿Está pasando de mí o es cosa mía? Temo preguntarle directamente…esperaré a ver qué hace.”

Tienes derecho a tu libertad, a tus límites y a un vínculo equilibrado.

Sé amorosa y coherente contigo para permitirlo.

Acepta que la otra parte tiene la misma libertad que tú.

El equilibrio depende de que el término medio de ambas personas sea suficiente para el término mínimo de cada una.

Descubre en este artículo cómo influye tu estilo de apego.

 

4. Ejemplos de responsabilidad afectiva.

Para entender los ejemplos de responsabilidad afectiva fíjate en estas claves.

  • Comunicación clara:

Requiere ser honesta contigo misma sobre lo que esperas recibir y lo que puedes aportar al vínculo para luego comunicarlo explícitamente.

 “Papá, no necesito hablar contigo todos los días. Me siento presionada porque tú si lo necesitas y me agobia negarme.

Eso me enfada, no te escucho de buena gana y acabamos discutiendo. ¿Podemos buscar un término medio justo para los 2?”

  • Coherencia:

Que lo que dices y lo que haces se corresponda.

“Yo me encargo de los niños hoy, tú despreocúpate.

Solo te llamaré en caso de urgencia”

  • Empatía:

Ponerte en la piel de la otra persona, según su manera de sentir y ver las cosas (no en función de cómo lo harías tú).

“No entiendo por qué te altera esta situación, pero te apoyo igualmente si lo necesitas.

¿Qué puedo hacer?”

  • Asertividad:

Validar tus necesidades sin invalidar las ajenas.

“Entiendo que te apetece comprometerte, pero yo no siento lo mismo aunque me gusta compartir contigo. Hablemos de lo que pasa”

  • Límites:

Imposible hablar de ejemplos de responsabilidad afectiva sin hablar de límites personales.

“No me importa conducir cuando salimos porque no bebo, pero también quiero ser libre para irme cuando quiera.

Cuenta con ello si te quieres quedar más tiempo”

  • Reciprocidad:

Si tu asumes tu responsabilidad afectiva, lo suyo es que la otra persona también lo haga.

Si no, el equilibrio pretendido no es tal.

No hay una fórmula exacta para marcar un 50/50 de responsabilidad compartida…pero cuando está desequilibrada la balanza, lo notas.

Pikara Magazine te muestra ejemplos de responsabilidad afectiva en clave de humor.

5. Responsabilidad afectiva y Ghosting.

Ghosting viene de ghost, que significa fantasma.

Se refiere a desaparecer (de ahí lo de fantasma), sin aviso ni explicación de una relación.

Desvanecerse como si nunca hubiera existido el vínculo y decidirlo unilateralmente eliminando la voz y voto de la otra persona.

Ghosting y responsabilidad afectiva son diametralmente opuestos.

No solo un ligue hace ghosting, puede darse en cualquier tipo de relación.

Amig@s, familiares, compañer@s…cualquiera que prefiera borrarte de su vida a tener una conversación clara contigo sobre lo que necesita de ti.

Persona disfrazada de fantasma

Ojo, hay relaciones que por su peligrosidad precisan de un corte definitivo y contundente.

Pero no hablamos de ese tipo de relaciones en este caso.

A veces se diluye de manera natural el vínculo entre 2 personas, que simplemente dejan de verse o contactar porque ninguna de las partes lo desea ya, porque ya no hay tantas cosas en común o porque los tiempos no coinciden.

Y no pasa nada.

Pero si tú sientes que lo ha decidido la otra persona sin tenerte en cuenta…ahí hay un conflicto de responsabilidad afectiva.

El ghosting se ha popularizado en los últimos años por ser una práctica habitual en apps de citas y redes sociales.

Quien lo ejerce se justifica en que:

Ausencia de responsabilidad afectiva
  • Hacen menos daño las excusas y medias verdades que hacer explícito su deseo de cortar el vínculo.
  • Una relación sexual o un cortejo es algo totalmente desconectado de la parte afectiva y por lo tanto no merece ese cuidado.
  • Mejor irse sin cerrar la puerta del todo porque nunca se sabe…

Todas esas ideas pueden ser válidas, si son consensuadas.

Si no, falta responsabilidad afectiva. Y puedes detectarla si:

  • Pasas mucho tiempo rumiando qué piensa la otra persona y cómo va a actuar.
  • Falta fluidez, sientes que no puedes ser tú.
  • Cuando habláis sobre la relación la otra persona responde con ambigüedad y evasión.
  • Solo puedes acceder cuando te lo permite, marca el ritmo y el tempo.

6. Responsabilidad afectiva: conclusión.

Fíjate que todas las claves giran en torno a lo mismo.

Autoconocimiento, comunicación y búsqueda activa del consenso entre las necesidades de todas las partes.

¿Implica esfuerzo? ¿Conversaciones incómodas? ¿Exposición y vulnerabilidad?

Sí a todo.

Relacionarse implica esfuerzo, prestar atención a las necesidades de la otra parte, ponerle freno a nuestro ego que siempre quiere salir ganando, compartir espacios que nos sería más cómodo no compartir…

¿Compensa?

Eso tienes que decidirlo tú.

Si te cuesta dar responsabilidad afectiva, puedes ocuparte de tu parte trabajando en ti, viendo que la bloquea.

Si te cuesta recibir responsabilidad afectiva, puedes ocuparte de tu parte trabajando en ti, viendo qué te hace aceptarlo.

Como sea, si tus relaciones te complican, empieza trabajando en ti.

Mila Moa Psicología, solicitar información.

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